Newsletter Intuitiva Consultoría Integral

El concepto de Resiliencia ha sido en los últimos años ampliamente difundido y extensamente usado en diversos campos de la vida individual y colectiva. Así mismo, la alusión a la Crisis como presupuesto de una transformación no es ajena a la vida humana, ni personal, ni social, y mucho menos al entorno organizacional.

Pero, ¿qué es resiliencia?, ¿es válido utilizar el término “resiliar”?, ¿es posible realmente obtener una ganancia cuando se ha experimentado un proceso traumático o una crisis, situaciones que al momento de ser vividas parecen cubrirnos con una carga de agobio que nos impide siquiera reflexionar objetivamente sobre las mismas?

Para dar respuesta a estas preguntas sería interesante comenzar por indagar un poco más profundamente en los términos, las técnicas, los investigadores de estas ciencias y los hallazgos más significativos que de sus labores investigativas han sido difundidos.

El término resiliencia procede del latín, de resilio (re salio), que significa volver a saltar, rebotar, reanimarse. Se usa para describir la capacidad de ciertos materiales para recuperarse o volver a su posición original cuando han sido sometidos a ciertas cargas o impactos. Igualmente, se representa la resiliencia como la deformación que sufre una pelota lanzada contra una pared y su capacidad para salir rebotada.

El término fue incorporado a las ciencias sociales en los años sesenta, pero no fue sino hasta la década de los noventa que empezó a estudiarse concretamente la capacidad de los individuos de desarrollar procesos adaptativos post traumáticos, y a denominar formalmente a esta capacidad Resiliencia.

Existen diversos autores que han estudiado y desarrollado este concepto, entre ellos: John Bowlby (sicoanalista inglés), Michael Rutter (psiquiatra libanés), Stefan Vani (sociólogo belga), Boris Cyrulnik (psicoanalista francés de origen judío), entre otros.

El presupuesto básico de la resiliencia, asociado a las ciencias sociales, es la existencia de un trauma. Resiliencia es una respuesta que transforma la experiencia traumática en algo completamente diferente a la vivencia original. Al tomar los aspectos vividos, y al elaborarlos a partir de la creatividad, el trauma deviene algo diferente, una experiencia distinta que nos permite tener un comienzo o un nuevo desarrollo, posterior a lo sucedido.

Resiliar es superar el trauma mediante una re-elaboración de la realidad vivida que, buscando dar un sentido a la experiencia, abre la existencia a otras posibilidades que antes estaban vedadas o invisibilizadas por las circunstancias previas al evento traumático.

Consiste, cuando se realiza de manera  premeditada (autónomamente o como parte de un tratamiento terapéutico), en aplicar conscientemente la técnica de la resiliencia para salir del síndrome post traumático, o mejor, para no permanecer recordando la experiencia traumática tal cual sucedió, sino transmutarla, convertirla en otra cosa, usando para ellos diferentes formas asociadas a las aptitudes creativas humanas: la narración (oral o escrita), el arte, la innovación, etc.

Resiliencia y Adaptación son dos términos que están asociados.  Permitir un nuevo desarrollo, una reconstrucción ulterior, superar con éxito las dificultades, implica también tener una gran capacidad de adaptación a las nuevas circunstancias.

Adaptarnos presupone tomar el control de la situación, dejar de estar simplemente expuestos a los factores exteriores, y comenzar un trabajo interior de reconstrucción de los hechos acaecidos, pero no para volver a ellos una y otra vez tal cual sucedieron, sino para elaborarlos agregando, seleccionando, negando incluso algunos aspectos, de tal suerte que el resultado posterior viene a ser otra cosa.  La elaboración del trauma implica, además de recurrir a los recursos internos de cada sujeto, tomar en consideración la significación socio cultural del trauma, e integrar un adecuado sistema de apoyos disponibles para el individuo sometido a la experiencia traumática.

Muchos de los estudios referidos a la resiliencia se centran en las experiencias de los infantes pre verbales. Es allí, en el momento en que se están estableciendo las conexiones neuronales, donde los sujetos expuestos a experiencias traumáticas están más expuestos a que éstas dejen en su psiquis una impronta (cicatriz) permanente, marcando lo que los expertos denominan un “circuito personal” de conexiones neuronales. El cerebro así “marcado” empieza a establecer una particular forma de relación con su entorno, de tal suerte que una misma situación tendrá efectos diferentes según los factores de protección o vulnerabilidad inscritos en el cerebro de cada individuo antes de la presentación del evento de trauma.

Como el centro de estos estudios se sitúa en la primera infancia, entre los primeros días de existencia y hasta cerca de cumplir un año y medio de vida, los factores de protección a los que hacen referencia toman en consideración, sobre todo, el desarrollo de lazos afectivos adecuados con las personas del entorno inmediato (la madre o quién la sustituya en su rol de cuidadora/protectora del infante).

Estos lazos están más constituidos por el apego que por el afecto, y  ellos provienen del mantenimiento de rutinas consistentes que permiten al infante desarrollar una sensación de seguridad, a partir de la cual se siente capaz de realizar nuevas exploraciones en la certeza de poder siempre retornar a ese “nicho” seguro que ha ido construyendo a lo largo de sus precoces interacciones con el mundo circundante.

Los factores de protección contienen también elementos ajenos al medio ambiente en el que se desarrolla la vida del infante, y pueden provenir de una alta carga genética. En estos casos, los expertos se apoyan en la epigénetica, para sostener que aún en presencia de eventos traumáticos asociados a condicionantes genéticos fuertes, estos pueden ser “reparados” si el medio ambiente que rodea al infante es adecuadamente estimulante.

Los Tutores de Resiliencia son figuras de apoyo en el proceso de Resiliar. Algunos son explícitos (psicólogos, médicos o trabajadores sociales). Otros implícitos: personas elegidas por el individuo sometido al trauma entre su entorno familiar o cultural, y a quienes éste les atribuye el poder de entenderle y apoyarle. Algunos pueden incluso no saber que lo son: un deportista, un músico, un actor, un escritor, figuras que corresponden a la relación esperada por el traumatizado.

La resiliencia debe estar relacionada con la edad de cada individuo, pues las reacciones,  los recursos, los tutores de resiliencia, y los factores difieren de acuerdo al período vital y al contexto en que cada uno está inmerso socialmente.

Dos mecanismos de defensa son momentáneamente aceptables frente al trauma, mientras se lleva a cabo el proceso de restauración resiliente: la negación, que permite evitar la reiteración dolorosa, pero impide la mentalización; y la escisión, que constituye la adaptación más frecuente.

Otros mecanismos de defensa participan en estos procesos: la sublimación, que al transformar el horror en obra de arte permite mentalizar y compartir el mundo mental. El humor, que permite expresar sin provocar malestar en el entorno. Y el comportamiento social o el altruismo que, a su vez, estimulan la empatía que nos permite vivir juntos.

Ahora está claro que, al menos en el plano individual, es posible obtener ganancias de las situaciones traumáticas experimentadas, vividas como crisis personales. Si la vivencia desagradable o perjudicial se elabora por medio de los recursos asociados a la resiliencia, la persona afectada tiene no sólo la oportunidad de comenzar de nuevo, sino que podrá incluso usar lo acaecido como fuente que surta su ingenio, dando así lugar a la creación, esencia de lo humano y, por ende, de la cultura concebida en un ámbito amplio (que incluye por supuesto a la economía, la ciencia y la tecnología).

La pregunta que nos asalta es si esta manera de concebir la superación de las situaciones difíciles que, en mayor o menor grado todo ser humano está expuesto a vivir en el transcurso de su existencia, puede trascenderse al ámbito colectivo, es decir, a todo tipo de organizaciones tanto de índole social como económico.

¿Es posible aplicar el concepto de resiliencia de manera programada y sistemática en comunidades vulnerables, como se viene intentando por ejemplo desde la Oficina de Resiliencia de la ciudad de Medellín, Colombia?

¿Es factible, así mismo, hallar ganancias en las crisis que experimentan nuestras economías, ya sea a nivel del Estado, en el orden gremial, o en las empresas?

Las posibles respuestas a estas preguntas finales las podrán hallar en un siguiente artículo.

Descargar Artículo Completo Resiliencia : La Crisis como Ganancia

 

Fuentes: Uriarte Arciniega, Juan de D. (2005). La resiliencia. Una nueva perspectiva en psicopatología del desarrollo. Revista de Psicodidáctica, 10(2),61-79.

Disponible en:   https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=175/17510206 

 

Por: 

 

Martha Alzate
Candidata a Doctora en Literatura
Consultora Asociada de Intuitiva Consultores

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