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El emprendimiento, sin duda siempre ha estado presente a lo largo de la historia, y ahora parece ser una tendencia a seguir. Por su figura representa una variedad de virtudes exigibles en un mundo acelerado, muy competitivo, inherentemente vanidoso y a veces narciso.

Estamos inundados de palabras como liderazgo, perseverancia, innovación, creatividad, autonomía etcétera. Términos que constituyen per sé algo más que obvio para quienes nos hemos subido a la ola del emprendimiento, tan de moda en la última década y tan subestimado por muchos, pues todas las aptitudes que parecen ser necesarias, como si de una lista de chequeo se tratase, sobrepasan más allá de lo que queremos trascender en los negocios y en el mercado.

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Entonces, ¿qué es lo que no sabemos del emprendimiento? ¿qué podemos sentir en el camino del emprender? A estas dos preguntas les daré respuesta más adelante.

Previamente mencioné la vanidad y narcisismo como dos conceptos que parecieran no tener relación con el elemento principal de este artículo. Primero, si entendemos que somos lo que hacemos y cómo actuamos, nos damos cuenta que nuestros proyectos son reflejo de nuestra identidad. Así mismo, esta identidad se ve influenciada por nuestro entorno, y que “como quien no quiere la cosa” comparamos nuestra vida con la de aquellos que han llegado más lejos, solemos escuchar en nuestros pensamientos, e incluso en las conversaciones del día a día, frases como: “Mi compañero del colegio que puso en marcha un restaurante que ofrece una experiencia fresca e innovadora a sus comensales y ahora tiene una 4×4”; “Un amigo de la universidad que creó una app y ahora gana en dólares en la comodidad de su casa”; o “Un viejo conocido que montó una escuela virtual de trading, presenta sus clases mientras viaja por el mundo”; estas narrativas nos han mostrado e incluso creado el paradigma de que la vida puede llegar a ser “fácil”.

¿Y a dónde voy yo con todo esto?, A que el afán por emprender puede originarse por la ambición de cumplir con el status quo; una vida muy atractiva pero fácilmente debatible.

A esto le llamo la presión por emprender, un estado de conmoción donde visualizamos un futuro de libertad financiera sin entender todavía cómo llegar a ella; o quién no se ha preguntado ¿Qué idea de negocio innovadora y servil me invento para ser millonario ya mismo?. Me sucedió a mi y no me da vergüenza admitirlo, somos humanos y queremos satisfacer nuestras necesidades todo el tiempo.

Entonces, por muy cliché que sea, si compañías como Google, Amazon o Apple nacieron modestamente en garajes, me pregunto, ¿qué me falta a mí para lograr todo lo que quiero?, y seguro ustedes se han preguntado exactamente lo mismo.

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Con esta pregunta, la cosa se pone interesante. Sí por alguna razón encontramos un proyecto realista y viable, entramos en un inevitable sobre análisis de las condiciones del mismo para que sea exitoso; y digo sobre análisis no porque sea desmesurado o se interprete como un esfuerzo por encima de lo necesario, sino por la enorme cantidad de variables a tener en cuenta cuando queremos iniciar nuestros emprendimientos y que exigen control por la volatilidad y velocidad con la que cambia el mercado.

Basta con mencionar el Lean Canvas para el primer acercamiento con los clientes y definir la propuesta de valor, el Diamante de Porter para identificar las fuerzas que actúan sobre la idea de negocio, el análisis de una Matriz DOFA ampliada para reconocer las características internas y externas, la definición de las 4 P’s para posicionar el producto o servicio, las 5 W’s o el Balanced Socercard para determinar planes de acción; eso además de mencionar el análisis financiero, determinaciones tributarias, legales etc.

Parece que fueran demasiadas cosas a tener en cuenta, y lo son; pues requieren conocimientos de administración, finanzas, branding, marketing, aspectos tributarios, legales entre otros que puedo listar. ¡Vaya si es desafiante el emprendimiento!

Sin embargo, estos elementos están ligados netamente al conocimiento técnico, teórico o académico, como ustedes lo quieran nombrar; aquí, sin duda ya existen muchas herramientas que facilitan su adaptación. Por otro lado, están todas las aptitudes que comenté al inicio del texto, todavía hay mucho más en este camino de emprendimiento que hemos decidido recorrer. Por ejemplo, el liderazgo para que nuestros stakeholders confíen en nuestra propuesta, la creatividad que juega de la mano con nuestra capacidad innovadora para ofrecer algo ingenioso a nuestros clientes, la autonomía para fijar nuestros objetivos y decidir libremente cómo lograrlos.

Para los que no han llegado hasta aquí todavía solo les puedo decir que cada paso que dan es más que un satisfactorio aprendizaje; y para quienes ya hemos llegado y dominando los conceptos que he mencionado, felicitaciones, estamos a mitad del camino y nos falta algo increíble por recorrer.

De aquí en adelante nos llamaremos emprendedores, pioneros de iniciativas con sana ambición y hambre de progreso. En este punto sale a flote nuestras verdaderas razones para dar un salto al frente, pues en el momento en que la situación exija fuerza, sacrificio y constancia, la presión por emprender no será un motivo justo para soportar lo que viene; la conmoción se convertirá en confusión y luego en desasosiego.

Es cierto que al momento de poner en marcha los proyectos, lo primero que sentimos es ilusión. No obstante, aún hay algo, ¿Qué es lo que no sabemos? ¿Recuerdan esta pregunta?

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Desconocemos lo que muchos llamarían obligaciones
. Levantarse temprano y trasnochar, pasar el día sin tener tiempo para desayunar, almorzar o cenar, o sin las tres. Acostarse pensando en el cliente e incrementar las ventas, el proveedor, las compras y disminuir gastos, el préstamo, y el cobro por recaudar, la nómina y los impuestos por pagar, estrés, incertidumbres, las exigencias de ser multitarea y otras cuantas.

Bueno, parece todo muy complicado, pese a esto ¿Qué podemos sentir? Si hemos hecho bien las cosas, no seremos víctimas de presiones externas, pues para emprender debemos ser los primeros creyentes de nuestros proyectos, a partir de ahí los sacrificios solo serán fortalecimientos, la satisfacción de tener resultados, otorgarán más que el ímpetu necesario para seguir en progreso a pesar de malos tiempos o incluso, pandemias.

Se forja así un crecimiento personal a partir del crecimiento de nuestro proyecto; y en un país como Colombia donde cerca de la mitad de las pequeñas y medianas empresas quiebran el primer año y tan solo el 20% sobrevive al tercer año, emprender es más que un tema de conocimiento técnico, producto innovador y ganas, emprender es para valientes.

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El camino es diverso y solo nosotros le ponemos destino, la formación será constante, la irreverencia, el atrevimiento el deseo de querer algo diferente son mas que motivaciones suficientes para encender ese fuego que nos emociona día a día por lograr nuestros resultados.


Bienvenido a emprender.

 

La imagen puede contener: Leonardo Villamarin Z, primer plano

Leonardo Villamarín
Administrador de Empresas
Consultor Asociado de Intuitiva Consultores

 

 

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